Texto para la planificación VI
La sordera del perro
Batifondo
Remilgo supo tener un perro que se quedó sordo al ver un sapo fumando y que le
hacía guiñadas y le movía la cola.
- Perdón,
pero el sapo no tiene cola.
Por eso fue
que el perro se impresionó tanto. Según un forastero que andaba por El Resorte,
el batracio croa porque es natural de Croacia, cosa que lo diferencia de la
gallina que cuando hace caca se dice que cacarea.
Cuando
Batifondo llevó al perro al boliche, le dijeron que mejor hubiera llevado al
sapo, que el sapo sirve pa jugar al sapo y es mucho más divertido que jugar al
perro, y mucho peor si el perro es sordo, porque usté le explica cómo es el
juego y el otro como quien oye llover.
Batifondo
Remilgo contó todito lo que le pasaba con el perro, y dijo que así no era vida
porque tenía con quien conversar, que cuando un hombre carece de un perro que
lo escuche corre peligro de ir y casarse. Y que muchas veces el hombre se casa
y después igualmente tiene que conseguir perro porque la mujer no lo comprende
, y el perro tampoco, pero no discute.
Se comentaba
el caso, y fue el tape Olmedo y le quiso probar la sordera del perro que estaba
distraído mirando pa fuera; hizo sonar los dedos como hacen los andaluces
cuando bailan, que con el chasquido no hay perro que no se vuelva pa mirar. Y
el perro ni mosqueo. Pa probarlo de nuevo, el tape le chistó.
-
Chicho, chicho, - le dijo – chicho,
chiiichooo, perro abombau –le agregó medio calentito de verlo tan desatento.
Rosadito
Verdoso estuvo a punto de reventarle un par de higos por el lomo, pero la
Duvija lo miró con ojos de San Francisco de Asís, y se aguantó.
El tema se
discutió media damajuana de tinto, y quien más quien menos opinó lo suyo.
Azulejo Verdoso, el inventor, dijo que pa él lo mejor pa la sordera era
sopletear. El pardo Santiago dijo que pa él, clavau que se había dormido de
costau y que en un descuido el dueño le había tirado la yerba del mate en una
oreja y se la tenía tupida, y que lo mejor era sacudirlo golpeando suave contra
un poste. La Duvija opinó que capaz no era sordo, y que capaz que se hacía pa
no tener que ir a buscar cosas ni salir a ladrar por cualquier ruidito de
morondanga.
Pero el tape
Olmedo dio la solución cuando dijo:
- Si quedó sordo de un susto, lo mejor es darle otro.
Ahí Rosadito
Verdoso agarró el gato que estaba dormido y se lo tiró al perro por la cabeza.
Se llevaron un susto los dos, después el
perro escuchaba todo clarito y el barcino
se pasó una temporada sordo, como si fuera de yeso.
Julio César Castro
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